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Todos los Domingos por la tarde, después del servicio mañanero
en la iglesia, el Pastor y su hijo de 11 años iban al pueblo a repartir volantes
a cada persona que veían.
Este Domingo en particular, cuando llegó la hora de ir al pueblo
a repartir los volantes, el tiempo estaba muy frío y comenzó a lloviznar.
El niño se puso su ropa para el frío y le dijo a su padre :
