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jueves

Alimento espiritual



La comida puede llenar nuestros estómagos, pero no nuestras almas. 
Posesiones puede llenar nuestras casas pero nunca el corazón. 
El sexo puede llenar nuestras noches, pero nunca nuestra hambre de amor. 
Los niños pueden llenar nuestros días, pero nunca nuestra identidad.


Te amo


Señor: en este día estoy triste. No sé bien porqué. Tal vez no debería estarlo, sin embargo, lo estoy. Podría escribir palabras bonitas, como las que muchas personas esperan leer, sin embargo, hoy decidí abrir mi corazón no sólo delante de tu presencia, sino también ante quienes nos leen.
Es justamente en momentos así, cuando necesito levantar mi voz para decirte lo mucho que te amo y te necesito. Justo en ese orden: te amo, luego te necesito. Pero una cosa va de la mano con la otra.
Puede mi voz prorrumpir en alabanzas, pero tengo mis manos sobre el teclado para hacerlo desde estas líneas. Aún desde lo profundo de la tristeza, no puedo menos que decirte una y otra vez “Te amo”.
Te amo por la vida que me diste.
Te amo por la familia que me diste.
Te amo por el ministerio que me diste. Por que pones en mi corazón palabras de ánimo para quien las necesita, no importa si yo mismo no tengo ánimo. Te amo porque en mi quebranto es cuando se hace evidente la grandeza de tu poder.
Te amo porque me has sostenido. Porque no importa lo que yo sea, sino lo que tú haces de mí. No importa lo que yo vea de mí en un espejo terrenal. Sólo importa lo que tú ves en mí. Obra tuya y nada más que tuya. Eso me da aliento y ánimo.
Pero por sobre todas las cosas, te amo porque en cada gota de tu preciosa sangre, obraste el milagro más grande de todos los tiempos: que en tu muerte yo tuviera vida.
Amado Señor: no puedo menos que decirte una sencilla palabra: “Gracias”. Tan sencilla, tan corta, tan breve, pero capaz de encerrar en sí misma tan grande significado cuando se expresa desde lo profundo del corazón.
Te amo porque me amaste tú primero, porque sin saberlo y aún sin conocerte ya me habías amado. Puedo sentir y reconocer ese amor en la dulce presencia del Espíritu de Dios en cada rincón de mi ser, en cada latido de mi corazón, aún en cada lágrima.
Te amo porque así como la hermosa Luna es nada sin el sol que la alumbra, nada soy sin tu luz. Te amo porque no sería el arco iris tan bello si no fuera la firma de tu promesa estampada en loscielos que tú mismo formaste con tus manos.
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viernes

EN LA INTIMIDAD CON DIOS



Un tiempo y lugar regulares para tu encuentro con Dios

En la Universidad donde estudiaba, en los EE.UU., había un lugar apartado, desde donde se veía un río que corría muy por debajo de ese lugar. A lo lejos, la ciudad, mostrando su belleza pero no sus ruidos ni decadencias. Un lugar rodeado de árboles, plantas, ardillas, pajaritos de los más variados colores y cantos. Una pérgola. Una mesa. Un asiento. Y, especialmente, el más profundo silencio. Sólo se podía escuchar el suave silbo del viento entre las hojas. Muchas veces pasaba mis tardes en ese lugar. Muchas veces estudiando para un examen. Muchas veces leyendo algún libro para mis estudios. Muchas veces orando y estando a solas con Dios. Para hablar con él y escuchar su voz.
¿Cuánto tiempo ha pasado, hermano, desde que le diste una porción de tu tiempo, sin diluir y sin interrupciones, a Dios, para escuchar su voz?

Selecciona un tiempo y un lugar y sepáralo para Dios. No es obligatorio que sea algún momento especial del día. Para muchos será a la mañana muy temprano. Para otros será a la noche, después de un día atareado. Para otros será otro momento. Busca la hora y el lugar apropiado y RESÉRVALO PARA EL SEÑOR. Pasa todo el tiempo que quieras. Dale más importancia a la calidad que a la cantidad. Tu tiempo con Dios debe durar lo suficiente como para que puedas decir lo que quieras decir y que Dios te diga lo que te quiera decir.

Esto nos lleva al segundo recurso. Tiempo con la Palabra.

Dios nos habla por medio de la Palabra. El primer paso al leer la Biblia es pedirle a Dios que nos ilumine para comprenderla cabal y personalmente.
Antes de leer la Biblia, ora. No te acerques a las Escrituras buscando tus propias ideas o para comprobar tus propias teorías, busca las de Dios. Lee la Biblia con oración. También léela con cuidado. Ora, leyendo la Biblia. Muchas veces los salmos pueden ayudarnos en nuestra alabanza y adoración personal.

Salmos 1.1-2 dice: «Bienaventurado el varón… que en la ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y de noche».
No es simple lectura de la Biblia, es deleitarse en ella.

Proverbios 2.4-5 dice: «Si la buscas como si fuera plata y la examinas como a un tesoro, entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios.»
No es necesario que leas diez capítulos cada vez. Es más importante que hagas lo del varón bienaventurado del Salmo 1: «Medita en lo que lees. Aunque sea poca lectura. Emplea mucho tiempo en la meditación de la Palabra de Dios».

Atesora cada idea, cada concepto, cada mandamiento, cada enseñanza. Guárdalos en tu corazón. Anótalos en algún cuaderno y vuelve a repasarlos en los días siguientes. Asegúrate de que quedarán en tu corazón. Reflexiona varias veces sobre ellos.

Billy Graham dijo de su suegro:
«Nunca fue un hombre de letras, pero tenía la costumbre de comenzar su día muy temprano y en oración y lectura profunda de la Palabra de Dios. Cuando murió, después de una larga vida, Dios lo había convertido en una biblioteca bíblica ambulante. Sus palabras derramaban sabiduría.»

Cuando nos comunicamos con Dios a través de la oración y de la lectura de la Biblia, es imprescindible que tengamos un corazón que escucha.
Si quieres ser como Jesús, deja que Dios se apodere de ti. Pasa tiempo escuchándolo hasta que recibas su lección para el día. Luego, aplícala.
C.S. Lewis decía:

«El momento en que se levanta cada mañana sus deseos y esperanzas para ese día se le acercan en tropel como animales salvajes. La primera tarea de cada mañana consiste en hacerlos retroceder; en escuchar esa otra voz, tomar ese otro punto de vista, permitir que esa otra vida, más grande, más fuerte, más tranquila, entre y fluya»
Cuando vayas a encontrarte con Dios no permitas que las ansiedades de la vida te invadan. Entrégale sus cargas a Dios, espera en él, y él hará.
Asimismo, entrégale a él sus pensamientos y sueños al ocaso. Cuando ya el día terminó busca su rostro y déjate conducir serenamente por los brazos de Dios. Descansa, literalmente, en él. Que tus últimas palabras del día sean para él.

No tiene que ser nada armado, ni largo, ni teológico. Sólo dile que lo amas y que descansas en él confiado, como un bebé en brazos de su madre.
Deja que Dios te ame

Todos los que somos padres sabemos qué lindo es estar con los hijos. Jugar con ellos. Desarrollar una relación. Cuando llegamos a casa luego de un largo día, es reconfortante ver con qué amor nos reciben nuestros hijos. Quieren jugar con nosotros. Quieren que los mimemos, que los acariciemos y que les digamos cuánto los queremos. Ellos quieren disfrutar del amor que les damos.
¿Has pensado alguna vez que Dios quiere hacer lo mismo con nosotros? Quizás digas: “¡Él nunca me diría esas cosas!”. ¿No? Ya te las dijo. ¿Por qué no las repetiría?

Dios ya nos dijo:
«Con amor eterno te he amado; por eso, te prolongué mi misericordia» (Jeremías 31.3)
En el NT agrega:

«Yo estoy seguro de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la vida, ni la muerte, ni los ángeles, ni los espíritus, ni lo presente, ni lo futuro, ni los poderes del cielo, ni los del infierno, ni nada de lo creado por Dios. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado por medio de nuestro Señor Jesucristo!» (Romanos 8.38-39)
Un tesoro escondido desde los siglos en Sofonías 3.17 nos dice:

«Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos»
Leámoslo una vez más:

«Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos»
¿Quién personifica a la voz activa aquí? Es decir, ¿quién ejecuta la acción? 

fuente latinweb.com

jueves

amor

"Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena, o címbalo que retiñe. Si tengo el don de la profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Si le doy todo lo que poseo a los pobres y entregar mi cuerpo a las dificultades que puede presumir, pero no tengo amor, de nada me sirve -. " 1 Corintios 13:1-3

lunes

santidad

15 Más bien, sean ustedes *santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó;16 pues está escrito: «Sean santos, porque yo soy santo.»[a]

1 Pedro 1:15-16

miércoles

Hay que poner en práctica la palabra


Santiago 1: 19 Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse;20 pues la ira *humana no produce la vida justa que Dios quiere.21 Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la *vida.



22 No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.23 El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo24 y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es.25 Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.

26 Si alguien se cree religioso pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada

martes

Devocional

juan 14 :15-27
Jesús promete el Espíritu Santo
 15 »Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.16 Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro *Consolador para que los acompañe siempre:17 el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará[c] en ustedes.


18 No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes.19 Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán.20 En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes.21 ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.
22 Judas (no el Iscariote) le dijo:
   —¿Por qué, Señor, estás dispuesto a manifestarte a nosotros, y no al mundo?
23 Le contestó Jesús:
   —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él.24 El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió.
25 »Todo esto lo digo ahora que estoy con ustedes.26 Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.27 La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.



Salmos 79
8 No nos tomes en cuenta los pecados de ayer;
      ¡venga pronto tu misericordia a nuestro encuentro,
      porque estamos totalmente abatidos!

   9 Oh Dios y salvador nuestro,
      por la gloria de tu nombre, ayúdanos;
      por tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados.

sábado

devocional

Juan 14

Jesús consuela a sus discípulos
 1 »No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí.[a]2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.3 Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.4 Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy.


Jesús, el camino al Padre
 5 Dijo entonces Tomás:    —Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino?
6Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.7 Si ustedes realmente me conocieran, conocerían[b] también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto.
8 —Señor —dijo Felipe—, muéstranos al Padre y con eso nos basta.
9 —¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: "Muéstranos al Padre" ?10 ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras.11 Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas.12 Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre.1314 Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré. Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo.